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Noctámbulos | Prólogo

Hacía mucho frío. El viento apartaba con suavidad el cabello de mi rostro mientras que el humo me impedía observar lo que sucedía a mi alrededor y se metía por mis fosas nasales haciendo que respirar me resultase una tarea de lo más complicada. El sonido de los truenos sonando a unos pocos kilómetros de distancia me indicaba que la tormenta se avecinaba más rápido de lo que me imaginé cuando salí de casa.

Camine sin rumbo fijo entre los escombros intentando ignorar las llamas que consumían lo poco que quedaba del viejo almacén. Estaba asustada, desorientada, helada y herida. No sabía dónde dirigirme, si es que había algún lugar a donde ir. Si al menos supiera dónde estaba... De pronto, comenzó a lloviznar débilmente.

Necesitaba encontrarle, saber que está bien. ¿Por qué le deje hacer semejante estupidez? "Y si no está vivo... ¿Qué pasará, Brooke? ¿Cómo lo vas a superar? No puedes perderle a él también..." pensé dándole vueltas y vueltas a ese único pensamiento. "Brooke, eso no puede ser. Él lo prometió" dijo una voz en mi cabeza. Mi "yo" optimista, supongo. "Déjame recordarte que él no es muy dado a cumplir sus promesas..."  dijo la "yo" realista, haciendo acto de presencia. Definitivamente me estaba volviendo loca.

"Tengo que encontrarle. No puede estar muerto. Necesito encontrarle. ¿Dónde está? Esto no puede estar pasando. No puedo. No puedo. No puedo."

NO. PUEDE. ESTAR. MUERTO.

La llovizna se hizo cada vez más y más intensa. Necesitaba encontrarle cuanto antes e irnos de este espantoso lugar. Necesitaba irme a casa, resguardarme de los demonios que nos atormentaban. Seguí buscando entre los escombros y note que cada vez se me hacía más difícil respirar y moverme por culpa del maldito humo. De pronto, oí mi nombre. Me di la vuelta y allí estaba él. Estaba vivo. Camine lo más rápido que mi pierna herida me permitía. Él siguió mi ejemplo y echo a correr para alcanzarme lo más rápido posible. Cuando nos encontramos a mitad del camino, me lance a él mientras que él, me cogió al vuelo, envolviéndome con protectores brazos. En ese momento lo olvide todo. Solo quería quedarme allí para siempre. Quería que esa sensación de seguridad perdurara en mí pero la realidad se interpuso antes de lo que esperaba.

-Pensé que habías muerto – me susurro al oído mientras me abrazaba contra su cálido cuerpo. Alcé la vista, separándome un par de centímetros para tener una mejor visión de él, y acaricié con delicadeza su rostro en busca de rasguños y, tal vez, algo de consuelo.

-Yo también pensé que habías muerto – le conteste notando por primera vez las lágrimas que manchaban mis mejillas. Las limpié rápidamente y aparte la vista, avergonzada-. No vuelvas a hacerme esto NUNCA. No puedo soportarlo. No pued...

-No volveré a dejarte sola, te lo prometo – me dijo sujetando mi rostro entre sus manos haciendo que mis ojos se encontraran con los suyos.

Se acerco a mí y bajo su cabeza para que estuviera a la altura de la mía. Sus labios estaban peligrosamente cerca pero antes de que se rozasen, escuchamos una voz a mi espalda.

-¿Creíais que os ibais a ir de rositas después de destrozar mi plan?- escuché una voz tan familiar que me hacía temblar de miedo y odio a partes iguales- Pues estabais muy equivocados. Nadie en su sano juicio intenta joder mis planes.

-Entonces debo de estar jodidamente loca... -grité sin darme la vuelta- Por que nunca, jamás, dejaré que te salgas con la tuya. Joderé tus planes aunque eso me cueste mi último aliento.

Y entonces, antes incluso de que llegara a darme la vuelta para enfrentarme a él, escuche un disparo que me sobresalto.

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